El Bachillerato se plantea como un periodo exigente en el que el alumno adolescente debe recoger y aplicar todo lo bueno que ha recibido en las etapas previas, y aprender a pensar y a decidir por sí mismo de manera autónoma, capacitándose para abordar su proyecto de vida futuro, tanto en el plano personal, como académico y profesional.  Se trata, en suma, de una etapa en la que el alumno ha de aprender a madurar.

Los objetivos:

  • Desarrollar su criterio, para que sea capaz de discernir qué es lo bueno y adecuado en cada momento. Especialmente en aquellas decisiones personales más determinantes: estudios futuros e itinerario profesional, elección de actividades y amistades, etc.
  • Afianzar su fuerza de voluntad, para pueda adoptar sus propias decisiones con plena libertad, el esfuerzo merece la pena.
  • Impartir una formación humana que le lleve a descubrir el sentido trascendente de la vida y su vocación concreta de servicio a los demás.
  • Impartir una formación humanística y científica rigurosa, plenamente ajustada a la realidad del hombre y del mundo, que permita al alumno descubrir la verdad y disfrutar de la misma.
  • Prepararle académicamente en todas las áreas necesarias para afrontar con éxito cualquier carrera universitaria o estudio superior que entre en sus expectativas profesionales.

Nuestros fundamentos filosóficos se basan en el Tomismo y en el Personalismo: defendemos una visión cristiana del mundo y del hombre en todas sus dimensiones.

De esta concepción filosófica y antropológica surge uno de los elementos fundamentales de la etapa del Bachillerato, clave en nuestro proyecto educativo: la síntesis entre ciencia y fe. La fe y la razón son las dos vías por las que el hombre puede descubrir la verdad. No hay contradicción entre fe y razón. Es más, gracias a la fe, la explicación racional del mundo y del hombre cobra su pleno significado y deja de aparecer como absurda. Pero es necesario impartir una educación que permita descubrir esta verdad, y no cerrarse a la misma con recelos o prejuicios.

Sólo desde la perspectiva de la fe, se da una integración real de los saberes de las distintas materias, para transformarlos en verdadera sabiduría de vida. Así, gracias a la conjunción de razón y fe, el aprendizaje se transforma en una visión cristiana de la vida, del mundo y de la historia